La atracción es el punto central para la sobrevivencia de la pareja. Es aquello del otro que nos despierta tal grado de imantación, que nos cuesta concebir la vida sin estar a su lado. Lograrla es un desafío complejo que incluye un juego de joyería donde se combinan los proyectos comunes, la contención mutua, la comunicación y la vida sexual.
Sorpresa, desconcierto, risas inquietas, algunas excusas o simplemente frases como: "Nunca me lo había planteado", conforman el discurso no verbal y verbal de los entrevistados cuando se enfrentan a la pregunta: ¿qué haces para ser una pareja atractiva en tu matrimonio? A simple vista es una inquietud que perturba la intimidad, que la cuestiona. Entonces surgen espontáneamente respuestas clásicas sobre la estética externa - "me arreglo", "me preocupo de verme bien"- y luego tímidamente van apuntando más al mundo interno, a cómo trabajamos y cultivamos nuestras facetas. La mayoría percibe - con mayor o menor certeza- que el tema "matrimonio" ya no es un asunto cerrado, que no basta con firmar un libro o recibir la bendición para que las cosas funcionen. Es entonces ahí donde ser un cónyuge atractivo cobra un valor esencial.
Para el siquiatra sicoanalista Ricardo Capponi (autor del libro "Chile: un duelo pendiente", editorial Andrés Bello), si bien el matrimonio se puede llevar a cabo desde motivaciones como la continuidad de las familias aristocráticas, por razones económicas o por anhelos románticos como en el siglo XVIII, con la incorporación de la sicología queda en claro que "la perduración en el tiempo de la relación, la aspiración a una relación profunda y creativa, tanto para la pareja como para los hijos, solamente se hace posible en el intento de formar un matrimonio donde se pueda desplegar un vínculo de amor sexual maduro. Y el combustible de ese amor es la capacidad de atraer y sentirse atraído por parte de los esposos".
Según Capponi, ahora la responsabilidad recae en el cuidado y en el cultivo de los elementos personales y del otro que contribuyen a mantener y acrecentar el atractivo, "más que en una ética del sacrificio, de la abstención, de la privación, de la renuncia, de la resignación, que ha sido una ética muy tradicional. Entonces el matrimonio aparece como una empresa interesante que requiere de una conducta de trabajo y elaboración para mantener este elemento central que es el atractivo".
¿En qué consiste este atractivo?, ¿qué hace que una esposa o esposo le sea atractivo a su pareja?
"Un otro atractivo" es aquel que nos despierta tal grado de imantación, de deseo a compartir, de gusto de estar con él, de entregarnos a él y de que él se nos entregue a nosotros, que nos cuesta concebir la vida sin estar a su lado y es eso lo que le da la fuerza a la relación.
Y como es de suponer, este atractivo no se reduce a una estética externa.
- Habitualmente cuando decimos "esta mujer u hombre es atractivo" nos referimos, en el fondo, al placer y a la gratificación de los sentidos. Pero ahora estamos hablando de la estética del mundo interno, referido al placer y a la paz interior, a la sensación de profundidad y de hondo bienestar que esta estética del mundo interno nos puede entregar. Y cuando eso se obtiene desde la persona del cónyuge, motiva a tener realmente deseos de compartir su vida con el otro y posiblemente para siempre, a través de un amor sexual maduro.
Pero, ¿por qué se habla de amor sexual maduro y no sólo de amor maduro?
- La única relación que incorpora el vínculo con el cuerpo, con la biología, es la relación de pareja y eso se hace por medio del encuentro sexual. Así, hablar de pareja como un amor maduro queda muy incompleto. Uno puede tener un amor maduro con el padre, con su hermano, pero amor sexual maduro sólo se tiene con la pareja. Y es eso lo que le da el sello tremendamente interesante y desafiante al vínculo de pareja, porque hay que resolver no sólo las ansiedades que están vinculadas a los conflictos sicológico-mentales, sino que también los que surgen de nuestro cuerpo, de nuestra biología, y que generan vivencias que dejan huellas imborrables en nuestra mente.
Entonces, el camino de la atracción se puede encontrar en una relación, cuando el otro otorga placer en el sentido amplio del término; cuando el otro disminuye las ansiedades de uno; lo apoya en los momentos de angustia y de culpa.
- Se da cuando el otro contiene, en el fondo, los aspectos negativos de nuestra existencia. Cuando nos va limpiando de una serie de limitaciones y de dolores que la vida inevitablemente nos produce, porque vivir es difícil. Otro elemento importante es cuando el otro le ayuda a uno a conocer el propio mundo externo y el mundo interno. Cuando el otro le aporta a uno conocimiento y sabiduría. Esa persona se nos hace necesaria y atractiva.
La relación de pareja está sustentada en cuatro grandes pilares: los proyectos en común, la capacidad de comunicación, la capacidad de contención mutua y la vida sexual.
Por ejemplo, los proyectos en la pareja son fundamentales en términos de solucionar los problemas materiales mínimos que hay que resolver para vivir: vivienda, educación, previsión, salud, alimentación. Otros elementos de la proyección de la pareja están compuesto por la crianza de los hijos; por cómo ambos se ayudan a conocer el sentido final de la vida (la idea de para qué estamos acá, de lo trascendente) y, finalmente, cómo me inserto y cómo me ayuda el otro a insertarme en la sociedad.
- Este punto es tremendamente interesante y lleno de matices, porque la pareja tiene que adquirir una identidad propia en contraposición al resto de la comunidad. Hay que tener una sana capacidad de incorporar al resto a la pareja; pero, al mismo tiempo, de poner límites para que los amigos o grupos no invadan. En todo caso, una pareja que se va encerrando en sí misma va a terminar en una situación empobrecida, asfixiante y a la larga destructiva. En cada una de esas áreas es importante cómo se maneja el cónyuge para ser atractivo.
En el plano de la comunicación, el doctor Capponi rescata que el ser humano tiene una "soledad radical", por eso busca la gratificación que supone el encuentro con un otro en tres grandes niveles.
- Por un lado, la pareja se conoce a través del lenguaje verbal, lo que se comunican mutuamente. Es muy atractivo el cónyuge que cuenta lo que le pasa en el trabajo, en su vida personal. Esos cuentos nos abren horizontes nuevos, de otros mundos y nos satisfacen anhelos de conocimiento. Pero hay un segundo nivel que es la comunicación paraverbal, por medio de la expresión corporal, que tiene que ver con cómo se miran, cómo se acercan, con los gestos. Esos elementos van generando una comunicación afectiva que hoy la sicología y el sicoanálisis han considerado como posiblemente la más importante. Hay experimentos que demuestran que los impactos comunicativos que una persona tuvo en otra no tienen tanto que ver con los contenidos que ambos expusieron, sino en cómo se miraron o sonrieron, en cómo se movió el cuerpo del otro durante la interacción. Hay parejas que dicen: "Nos llevamos muy bien entre nosotros. Somos muy tranquilos, nunca hemos tenido un sí o un no" y uno puede darse cuenta de que tienen un lenguaje paraverbal absolutamente empobrecido, falto de pasión, con una carga agresiva sutil enorme.
Un tercer nivel es el de la comunicación intuitiva, que requiere una gran receptividad hacia el otro. En ese nivel un cónyuge es capaz de adelantarse al deseo del otro.
- Ese tipo de comunicación es de una exquisitez brutal y la verdad es que el cónyuge que es capaz de ese tipo de comunicación se hace profundamente atractivo, profundamente anhelado, necesario para la pareja. Para ejemplificarlo, esta comunicación es como la que tiene la buena madre con su guagua, que no necesita esperar que llore 20 minutos para satisfacerla.
La tercera base de la relación de pareja es la capacidad de contención.
- Vivir significa necesariamente estar expuesto a muchas frustraciones, por lo tanto, que se reactiven en nosotros muchos momentos de rabia, de angustia, de dolor, de culpa, de tristeza, de desesperación, de ira, y todos estos sentimientos necesitamos poder procesar. Y un buen lugar para poder elaborarlos es la pareja, pero esto supone que el otro sea capaz de poder percibir, contactarse con todos estos elementos negativos en uno, contenerlos y poder devolverlos de una manera en que la relación termine enriquecida.
El especialista explica que es sano y necesario que las parejas "monten el escenario de la pelea", que tiene que ver con los propios conflictos infantiles, activados por la vida diaria.
- El cónyuge tuvo un problema con su jefe, que le reactiva la figura de la autoridad paterna y se siente culpable. Se va a la casa, monta un escenario con su mujer donde proyecta esta culpa en ella y la reta por no tener la comida a la hora. Es claro que ahí habrá agresión y a los ojos externos puede parecer una pareja de locos, pero las parejas necesitan estas discontinuidades en sus relaciones. Lo importante es que en estas interacciones llenas de afectos primitivos - culpas, frases hirientes, descalificaciones, rabias, angustias, llantos- finalmente termine predominando el elemento amoroso por sobre el agresivo y los cónyuges sean capaces de contenerse mutuamente. Que la mujer termine conteniendo a ese hombre-niño haciendo una pataleta y el hombre termine conteniendo a esa mujer sensible, celosa, voraz y perseguida...
Al final, queda la sensación de que la pareja es capaz de contener, entender y enriquecer desde una nueva perspectiva esas dificultades que tiene. Ese cónyuge se hace atractivo, porque le permite al otro jugar en serio y estas discontinuidades apuntan un poco a lo mismo. Para él, el problema surge cuando las parejas no tienen esa capacidad de jugar y transforman estas discontinuidades en algo donde predomina la agresión y se termina en algo destructivo.
La contención incluye, además, otro elemento de atracción que es la capacidad de tener en la mente al otro. Cuando hay perturbaciones de la personalidad hay muchas dificultades para lograrlo. Se toleran muy mal las separaciones (al irse de viaje o incluso al ir al trabajo), entonces el cónyuge borra al otro, como si no existiera, para no tener el dolor que significa separarse. Pero cuando la persona es capaz de mantener siempre presente al otro, le deja una sensación de estabilidad a su cónyuge. De hecho, la conquista muchas veces se hace por esa vía, por mostrar a un otro la capacidad de tenerlo siempre en la mente y eso es irresistible. "Esto requiere una dedicación al otro importante, protege de la infidelidad y motiva gestos de preocupación hacia la pareja".
Capponi incluye en el ámbito de la contención la "incondicionalidad". No hay nada más atractivo que percibir al otro puesto incondicionalmente hacia uno.
- Es decir: pase lo que pase, yo estoy contigo y ése es el sentido del matrimonio para toda la vida. Porque hacer pareja es tan difícil que si uno no se juega con una carta alta, como ésa, y no asume ese inevitable riesgo, se pierde mucha fuerza en el vínculo. Pierde atractivo, sobre todo cuando la pareja empieza a darse cuenta de que el otro está haciendo sus propios cálculos y no se la juega por uno, como sucede en el cónyuge narcisista.
El cuarto pilar de la pareja atractiva es la sexualidad.
- Este es un elemento diferencial en la relación de pareja. La sexualidad es un acto muy sublime, porque incorpora además los proyectos en común, la comunicación y la contención. Por eso se dice que la sexualidad en la pareja es un elemento tan importante en el diagnóstico conyugal. A pesar de ser todos ellos importantes, pienso que las relaciones de pareja se pueden constituir fallando uno de estos pilares. Es decir, pueden existir dificultades en la sexualidad, pero si los otros tres están bastante armados y fuertes es posible mantener una relación de pareja. El problema viene cuando fallan dos de estos pilares, porque si no hay comunicación ni capacidad de contención, por mejor sexualidad y proyectos en común que tengan están expuestos al distanciamiento progresivo hasta transformarse en dos extraños.
A pesar de que una relación se puede mantener aunque ciertos aspectos de la sexualidad no sean óptimos, ésta es una carencia importante.
- La sexualidad consiste en traducir la excitación sexual, que proviene de nuestra biología, en el deseo erótico (la búsqueda del placer con un otro) para conducirlo, finalmente, al amor sexual maduro. En el deseo erótico es importante la identificación con la excitación y el orgasmo del partner o compañero. Entonces cuando hay perturbaciones muy serias y, por ejemplo, el hombre envidia la capacidad de placer pasivo de la mujer y no se excita él a través de esa excitación que ella siente, se ve muy perturbada la relación. Y lo mismo la mujer, cuando se inhibe o se angustia o enrabia al percibir el placer que siente el hombre en su sexualidad activa, no logra el orgasmo.
Otro elemento rescatable en el deseo erótico es la sensación de transgresión y superación de la prohibición. Produce mucho placer transgredir la norma. Por ejemplo, la transgresión social al desvestirse.
- El placer de ver a una mujer u hombre que se desviste tiene que ver con que, en ese momento, se está transgrediendo la norma de que el cuerpo hay que tenerlo tapado. Y de hecho, en un streap-tease, cuando una mujer ya logra el desnudo total y se va para las bambalinas, se acabó el chiste. Después está toda la transgresión a lo edípico, o sea la fantasía de que le estoy quitando la mujer al otro, la fantasía de que yo le estoy quitando el hombre a otra, porque ésta es una fantasía anclada a la infancia. Y, también, existe el placer de la transgresión de los límites del otro, meterme en el otro y romper los límites que me separan de él.
En el deseo erótico, otro aspecto importante es la idealización del cuerpo de la pareja. El doctor Capponi habla de la idealización primitiva; es decir, la sensación de que esa parte del cuerpo que estoy tocando es la más hermosa de todas y eso va produciendo un círculo de excitación, donde el otro se hace más fantástico todavía, más hermoso, más requerido. "Vinculada a esto mismo está la sensación de que el cuerpo del otro es una geografía con significados erotizados personales. También es relevante en la activación del deseo erótico el tentar y ser tentado de manera atormentadora. Es la sensación de que lo tienes y no lo tienes para provocar justamente el apetito de apoderamiento del otro; y, ligado a esto, el deseo de triunfo que produce un placer muy grande".
Si la pareja no es capaz de irse permitiendo el surgimiento de todo esto, la vida sexual será más empobrecida y dará paso a otras actividades que intentan satisfacer esta carencia con la infidelidad, masturbaciones excesivas, perversiones o muchas veces en inhibición de la sexualidad y transformación de todos estos elementos agresivos en relaciones conflictivas.
- Un hombre que no incorpora ningún elemento agresivo en su vida sexual - no me refiero con esto a una relación perversa- y en la cama es un pasivo, posiblemente será un tirano en su lugar de trabajo o un autoritario con su mujer, a quien somete y explota.
Otro factor determinante en el deseo erótico es la alternancia entre el secreto, la intimidad y exclusividad con la pareja versus el alejamiento y la discontinuidad.
- Las mujeres reclaman que los hombres hacen el amor y se alejan. Los hombres, a su vez, reclaman que las mujeres viven en torno a los niños... Pero ésas son necesidades que tenemos los seres humanos de mantener una cierta discontinuidad para no terminar agobiados, ahogados en una relación.
Lo importante es que el deseo erótico pleno llegue a ser un amor sexual maduro, que incluye la pasión, es decir, el deseo de traspasar los límites de uno mismo fundiéndose en otro, arriesgando la propia identidad, desplegando la necesaria agresividad y asumiendo el temor al descontrol, contenido todo esto por el predominio del amor que implica compromiso y responsabilidad. Por eso todos estos elementos deben darse contenidos por la ternura. "Y éste es un sentimiento muy elaborado, que requiere de un estado mental de madurez que consiste en que, en ese momento en que se está dando toda esta interacción tan intensa, exista preocupación por el otro", aclara.
El doctor Capponi sostiene que el gran desafío es el cuidado de estos aspectos atractivos en uno mismo, el cuidado de los aspectos atractivos en el otro y el cuidado de los aspectos atractivos de la pareja en su conjunto frente a la sociedad.
- Las relaciones de pareja son una empresa que hay que cuidar, hay que trabajar con ella, y como todo trabajo emocional tiene una cuota de dolor, de incertidumbre y de riesgo. Pero, a la vez, nos ofrece una gratificación en términos de la realización de nuestra existencia, de un ser mucho más completo, mucho más profundo. Los ya descritos son elementos que contribuyen a mantener la energía de la pareja que estaría basada en el cónyuge atractivo. Ahora, por supuesto que esto está boicoteado por todos lados, entonces el desafío es cómo podemos elaborar y resolver todos los elementos que perturban el vínculo de pareja.
En términos generales, la capacidad de ser un cónyuge atractivo depende de la madurez sicológica de la persona. Tiene que ver, además, con las circunstancias y la pareja que le tocó, y con la sociedad en que está inserta.
Y, a pesar de esas condicionantes, el doctor Capponi prefiere no hablar de crisis actual de la pareja, sino más bien de que el matrimonio como se concibe hoy es tal vez la relación más compleja y exigente que quiere asumir la sociedad occidental:
- Tenemos un trabajo enorme por delante en términos del desafío que nos plantea esta nueva concepción de la pareja, que busca la gratificación poniendo el acento en el compañerismo y en colmar juntos los deseos, para resolver las ansiedades y las interrogantes que la vida nos pone.
Nota:
*El siquiatra Ricardo Capponi es director academico responsable del ciclo convocado, durante agosto, por el Banco Edwards: "El amor conyugal y la vida emocional: bases sicológicas del matrimonio", donde se expondran este tema de "El conyuge atractivo" y otros como "¿La pareja o los hijos?", "La sexualidad", "Los grandes aniquiladores de la pareja", "La contribucion de la fe".
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