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Los 10 ingredientes del amor

Ricardo Capponi


"El hombre tiene que proveer y la mujer se tiene que quedar en la casa"; "Los hombres son más excitables que las mujeres, por lo tanto, tienen derecho a una sexualidad más libre"; "Ellas son más generosas, por lo tanto, es lógico que sean más abnegadas"; "Los hombres no pueden hablar de cosas sentimentales".

Mitos. Puros mitos, que suenan añejos, pasados de moda, casi anecdóticos hoy en el siglo XXI. Sobre todo si se dicen en forma explícita. El problema es que, aunque a muchas parejas les parezcan antiguos, si se les mira con lupa en su relación diaria, muchos de ellos continúan implícitos.

Lo dice el siquiatra Ricardo Capponi, autor de uno de los mejores libros sobre la relación de pareja que se haya escrito en los últimos años en nuestro país, "El amor después del amor". El doctor Capponi, sicoanalista, académico y un muy solicitado charlista, dice que el punto es que aún somos una generación de transición, que está saliendo de una sociedad machista, por lo tanto, aún tenemos herencias de ideas que recién cuestionamos intelectualmente. Pero de ahí a elaborarlas y cambiarlas hay un paso grande.

En su oficina, llena de libros nacionales y extranjeros sobre tan variados temas como masculinidad, género, sexualidad, es donde suele escribir sus ensayos, donde siempre destacan los ingredientes que necesita una pareja para lograr el amor sexual estable, clave para ser "una pareja bien lograda", como él las llama. Aquí entrega los ingredientes más importantes.

1. Poder, placer y entrega mutua son las grandes áreas en que se provocan conflictos dentro de la relación de pareja.

En el área del poder es donde se realiza la distribución de roles frente a las tareas que enfrenta la pareja, como la crianza de los hijos, el aporte al sustento, los accesos a los dineros, los deberes y derechos de cada uno de los miembros de la pareja.

En nuestra sociedad tradicionalmente el poder ha estado en manos del hombre, pero la resolución de los conflictos en la pareja se produce cuando ambos miembros se sienten cuestionados. Eso sí que, para que ello suceda y se produzca un cambio, se tiene que tener la sensación de que no se cuenta con todo el poder. Y si el hombre lo tiene, creerá que la mujer nunca lo podrá abandonar o cuestionar.

En el área del placer, todos sabemos que muchas parejas tienen serios problemas. El cómo se va a vivir la sexualidad en la pareja puede ser fuente de conflictos, y ahí hay aspectos centrales: los conflictos derivados de educaciones sexuales muy reprimidas - que llevan a una inhibición del deseo sexual- , o los derivados de una educación sexual demasiado liberal, que lleva habitualmente a una infidelidad o a una sexualidad muy disociada.

Y, finalmente, en el área donde la pareja necesita saber fehacientemente qué nos está pasando, sintiendo por el otro, y viceversa. Las parejas que tienen esta capacidad poseen una mayor ventaja. Hablamos del área de la entrega mutua, donde la pareja espera que su partner lo(a) ayude, quiera y desee, y se deje ayudar, querer y desear. Aquí juega un rol fundamental la comunicación. Es donde la pareja se mira a los ojos, se encuentra y reconoce.

Muchos conflictos de la relación de pareja se derivan de malos entendidos, del no sé qué le pasa al otro, qué siente por mí; del no sé qué me pasa a mí con el otro, cuánto lo quiero y realmente qué siento.

2. El manejo del resentimiento y el grado de desvalorización del otro son factores claves en el grado de felicidad o infelicidad de una pareja.

El factor que se ve con más frecuencia como causa de infelicidad es el nivel de resentimiento que acumula cada miembro de la pareja a través del tiempo. Este resentimiento proviene de sucesivas desilusiones a las expectativas que la pareja tiene del otro, de la poca tolerancia a la frustración frente a los conflictos de intereses, y de la incapacidad de comprender las limitaciones de su pareja. El resentimiento se acumula y se va transformando en odio, cuya expresión más destructiva es la indiferencia y el desapego. Existen parejas mucho más elaboradas que saben que las relaciones afectivas son de amor–odio, pero que es fundamental que predomine el amor. La rabia y la agresión son inevitables, pero debe predominar el amor.

Otro factor importante que destruye la felicidad es el grado de desvalorización mutua entre sus miembros. Acá opera la capacidad para mantenerse como un cónyuge atractivo para el otro. Hoy las parejas ya no se mantienen juntas por el cumplimiento de la norma, sino por el atractivo hacia el otro, donde se le mira con el grado de misterio que el otro tiene. Y para que yo pueda mantener ese misterio, no puedo dejarme avasallar por el otro. Aquí es muy importante el manejo del sano orgullo y de la agresión.

3. Reivindicar la ternura como pilar de armonía en la pareja.

Junto con el manejo del resentimiento y del grado de desvalorización del otro, la ternura es el tercer factor que contribuye al grado de felicidad de una pareja. La ternura es un sentimiento profundamente humano que mueve a hacerse cargo del otro, a la compasión, a la caridad y a la generosidad y, por lo tanto, a la ayuda del otro en forma incondicional. Esta motivación opera independientemente de lo que el otro me dé. Es una forma de amor gratuito, fuente de felicidad, de tranquilidad y compañía.

La ternura es cuando se es capaz de vivir la relación de pareja con el sentimiento de no querer que al otro le pase nada, sólo me interesa que se desarrolle, crezca, porque cada alegría suya me alegra a mí. Si eso se pudiera llevar a la relación de pareja, estamos frente a un vínculo sólido y profundo.

4. El amor ideal y el amor real siempre deberían estar presentes.

El amor ideal es explosivo, sorprendente e impredecible; una relación de exclusividad, en que no puede haber terceros. Todo esto le da un carácter de falta de realismo, de revolucionario y de proyecto audaz.

El amor real es el amor propio del estado mental que caracteriza el amor sexual estable. Lo que le da estabilidad a la pareja a largo plazo no es el enamoramiento, sino la pasión afectiva. La motivación fundamental se traslada hacia el deseo de amar, respetar y conocer a la pareja.

El amor real es un vínculo fuerte que va creciendo y haciéndose cada vez más sólido. Es más reflexivo y menos impulsivo. No es una ruptura respecto del pasado, sino que se construye en continuidad con el pasado para proyectarse al futuro.

El arte de mantener siempre en la mente un amor idealizado es un desafío difícil, pero necesario. Porque si por un lado se perdiera el amor ideal, se apagaría el deseo, y si por otro, se perdiera el amor real, caeríamos en la fantasía delirante.

5. El enamoramiento se puede reactualizar permanentemente.

El rescate del enamoramiento inyecta a la pareja pasión, anhelo y esperanza. Incluso una confianza que alcanza un nivel de sana omnipotencia.

Esto acontece al reactualizar el enamoramiento, haciendo proyectos a veces un poco locos, que coluden a la pareja en una complicidad entretenida. También construyendo escenarios románticos que evoquen recuerdos provenientes de ese pasado "perfecto" compartido. Y también se da con todas las vivencias experimentadas en el clima erótico, donde los sentimientos de pertenencia total, la idealización del cuerpo, y las invasiones mutuas sazonadas con ingredientes sexuales - que la pareja va incorporando creativamente a su arsenal de placeres- activan vivencias de intenso enamoramiento. Estas vivencias energizan el vínculo. Ese atrevimiento ahora lo usan para transgredir la moral convencional, y hacerse cómplices en una búsqueda de "placeres prohibidos".

6. Un camino de felicidad, una panacea inmediata, simple compañía: todo eso y mucho más las parejas esperan del amor.

Del amor, las parejas esperan lo posible y lo imposible, lo infantil y lo maduro, lo pleno y lo incompleto, lo que da placer y lo que exige sacrificio, lo real y lo ilusorio.

Espero tener del otro lo que me puede dar, y al mismo tiempo exigirle lo que jamás podrá darme. Espero poseerlo incondicionalmente, simbióticamente, como si fuera una prolongación de mí mismo, y al mismo tiempo sentirlo como un otro diferente a quien tengo que conquistar y atraer para mantenerlo a mi lado. Espero una relación perfecta, siempre armoniosa y plagada de ternura y, al mismo tiempo, una relación que dé cabida a la agresión, a la imperfección, y al inevitable desencuentro. Espero que el otro me dé hasta la saciedad, abandonándome en su regazo y protección. Y, por otro lado, que me deje hacerme cargo, entregarme. En definitiva, del amor se espera encontrar el sentido de la vida.

7. Hay poca conciencia de la importancia de la contención.

Muchas parejas a veces tienen la sensación de que la convivencia empeora con los años. Ello sucede cuando no hay contención. El problema es que tenemos muy poca conciencia de la importancia de invertir trabajo emocional para enriquecer el mundo interno.

La contención no es sólo un acto de desahogar al otro y escucharlo, sino un acto mucho más sofisticado que requiere de trabajo emocional. Implica escuchar al otro y sintonizar con su estado afectivo, para que yo le pueda aportar desde mi perspectiva y le resignifique el conflicto que está viviendo. De ese modo el otro recibe un aporte. Si esa contención no se da, se producen círculos viciosos. Ya la pareja o crece o se deteriora, avanza o retroce, porque de ese modo funciona la mente. No hay puntos neutros.

8. El descubrimiento de la sexualidad no debería agotarse nunca.

Desde la confianza apoyada en la ternura, y en las experiencias que provienen de la reactivación del enamoramiento, se va explorando con la pareja todo un mundo de erotismo vinculado a nuestra condición primitiva. Permite así mantener una sexualidad apasionante, por muchos años, con la misma pareja. La variación que mantiene la fuerza del deseo no está en el cambio de objeto, sino en la exploración conjunta de una gran variedad de placeres vinculados al amor, pero no exentos de otros afectos que a primera vista no son tan "loables".

La variedad no viene dada por las formas anatómicas en que se produce el entrelazamiento, sino por los significados que va descubriendo la pareja, y eso tiene que ver con el mundo afectivo. La manera en que se miraron, lo que se dijeron, lo que están pensando. Esos detalles van otorgando la variedad. Hay parejas más audaces, donde además la gimnasia sexual también es grande, pero cuando se le suma la afectividad, la sexualidad es casi infinita.

La pareja puede incluso centrar su sexualidad exclusivamente en la búsqueda del placer. Lo que se trata es que no haya represión para estar dispuesto incluso a vivir el sexo del placer por el placer, pero dentro de una sana complicidad de la pareja. Es decir, en un clima donde predomine el amor. Existe aquí una sutil contradicción, porque por otro lado cuando la sexualidad se carga sólo hacia el aspecto sensorial, el mundo afectivo va quedando soslayado, y al suceder esto, se pierde la variabilidad de la sexualidad apareciendo el aburrimiento.

9. La frecuencia de la relación sexual no es importante.

Ese tipo de parámetros para medir la calidad de una relación íntima tan profunda y compleja como la de pareja, promovida por esta sociedad materialista y de consumo, les ha hecho mucho daño a los matrimonios. La vida es más rica y creativa. La frecuencia no es lo importante. Tampoco la apariencia, a veces muy bien lograda del punto de vista estético como se muestra en el cine. Lo fundamental son las vivencias personales, las fantasías, los afectos, la manera en que se involucra el mundo interno con su pasado a cuestas, con la creatividad, la soltura y el cuidado.

10. La integración femenina y masculina permite que la pareja viva con un grado mucho mayor de encuentro.

No sólo es posible lograr una integración femenina y masculina, sino que es una condición necesaria para una comunicación lograda. En la medida en que el manejo de las platas compartidas genere menos resentimientos; la distribución de roles en la crianza sea equilibrada y la participación en el trabajo sea justa, habrá mayor armonía.

La contención será más profunda, y el enriquecimiento mutuo de los aspectos masculinos y femeninos en juego se hace mucho mayor. El camino para lograr esa integración pasa por una adecuada identificación con ambos padres en la infancia, con sus pares y profesores en la niñez, con una apropiada educación sexual en la adolescencia, con una buena experiencia de enamoramiento en la adultez temprana, y por el cultivo de una buena relación de pareja.