ARTÍCULOS

Imprimir Enviar por email  

Una Iglesia que acompaña

Jorge Costadoat. S.J.


La Iglesia latinoamericana da inicio a la V Conferencia General del Celam en Aparecida, Brasil. De ella se espera un documento similar a los de las conferencias de Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992). A su efecto se ha redactado una Síntesis que recoge el sentir del Pueblo de Dios en el continente y que servirá de base a la discusión episcopal.

La Conferencia de Aparecida tiene lugar en circunstancia de profundas transformaciones culturales y religiosas en América Latina. Entre tantos fenómenos de la época, uno parece captar la máxima atención: el debilitamiento del catolicismo. Las metamorfosis de la religiosidad, el crecimiento del pentecostalismo, cierta fragmentación de la fe católica en varias versiones, la crisis de la institucionalidad eclesial, el éxodo de unos católicos y el desacato silencioso de otros, compiten contra la religión que unifica y fecunda el continente desde hace más de quinientos años. La Iglesia Católica tiene serias dificultades para trasmitir su mensaje a la siguiente generación y misionar a quienes no son católicos, en un ambiente cultural que sobrevalora libertad individual, en un mundo globalizado prácticamente imposible de modificar y en una sociedad que aprecia el pluralismo, la democracia y la circulación de las ideas a través de los medios de comunicación y la Internet.

En este contexto la Síntesis del CELAM sostiene: “La alternativa crucial es ésta: o nuestra tradición católica y nuestras opciones personales por el Señor arraigan más profundamente en el corazón de las personas y de los pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante, como encuentro vivificante y transformador con Cristo, y se manifiesta como novedad de vida en todas las dimensiones de la existencia personal y la convivencia social, o corre el riesgo de seguir dilapidándose, empobreciéndose y diluyéndose en vastos sectores de la población, lo que sería una pérdida dramática para el bien de nuestros pueblos y para toda la catolicidad” (nº 15). Años atrás Karl Rahner, teólogo importante del Concilio Vaticano II, había afirmado: “el cristiano del siglo XXI será místico o no será cristiano”. En el documento Síntesis el tema de un encuentro personal con Jesucristo resulta fundamental.

Es difícil, sin embargo, crear el ámbito en el cual esta experiencia de Dios en Cristo pueda tener lugar y las modalidades para que ella pueda ser efectivamente promovida y facilitada. Los obispos latinoamericanos son conscientes de que se requieren cambios eclesiales. Sin estos no habrá encuentro propiamente cristiano de Dios. Pero al momento de encargarse del problema, la Síntesis se distrae en la descripción de otros problemas que también deben ser tratados. La alternativa crucial es abordada a veces de frente (como en las exigencias que pone a la formación de los sacerdotes y laicos), pero otras a la pasada y tímidamente (subrayando la importancia de las Iglesias locales; e invitando a la creatividad pastoral).

Lo que anticipa cambios mayores que en todo caso no vendrán sin el respaldo de la Santa Sede, es la disposición maternal de unos pastores que quieren “acompañar” a sus fieles en el tránsito de una época a otra. El término “acompañar”, “acompañamiento” atraviesa el texto y refleja su actitud más característica. Subterráneamente ha ocurrido un desplazamiento. El paradigma pastoral no es ya la “dirección espiritual”, centrada en la sabiduría del maestro. El encuentro con Cristo depende más bien de un “acompañamiento espiritual”, centrado en el discernimiento del Espíritu por parte del acompañado.

En conclusión, conviene recordar que la autoridad de la Iglesia no consiste en saberlo todo, sino en esa fe en Dios que la capacita para acompañar a un mundo que no será evangelizado si ella no reconoce que es parte suyo, si  no descubre en ella misma el mundo liberado y recreado por el Cristo que tiene una relación personal con cada ser humano y no solo con los católicos.