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Presentación del libro y de la encíclica

Jorge Costadoat


La encíclica

Caritas in veritate ha sido promulgada en un contexto de globalización y de crisis económica y social internacional. La encíclica relaciona estrechamente ambos fenómenos. La crisis tiene que ver directamente con un aspecto de la globalización que el Papa rechaza. La globalización constituye un signo de los tiempos que merece ser discernido porque así como acarrea nuevas injusticias y pobrezas también ofrece múltiples oportunidades para construir un mundo más fraterno.

Tanto frente a la crisis como ante la globalización el Papa llama a una regulación ética de las sociedades y de la comunidad de las naciones. Benedicto XVI se atreve a pedir una reforma de la ONU. Hoy en el mundo hay pueblos enteros expuestos a movimientos de la economía que tengan o no tengan responsables éticamente imputables, deben ser regulados políticamente. No se trata simplemente de superar una crisis. Según la encíclica se trata de “gobernar la globalización”.

Caritas in veritate sigue estrictamente la senda de la Doctrina Social de la Iglesia iniciada con la encíclica Rerum Novarum (1891) Frente a la pobreza masiva no basta la caridad, es necesaria la justicia. Frente a esta pobreza es obligatorio reaccionar a todo nivel. No solo a nivel personal y gremial. A este propósito la política, como la forma más alta de la caridad (Pablo VI), tiene la misión principal.

La DSI supone que la sociedad es en última instancia responsabilidad humana. Esto significa que ella es obra de los hombres y puede, en consecuencia, ser cambiada por los hombres al menos en algún grado. Caritas in veritate continúa en esta tradición de pensamiento. Benedicto XVI sale al paso de las tesis que postulan una irreformabilidad del curso del mundo, de la autorregulación de la sociedad humana y del neoliberalismo que reclama una liberalización de los mercados.

El Papa arriesga pecar de voluntarista. Hoy hay claras señales de que el mundo sigue un curso imparable no sabemos hacia adónde. Los desarrollos científicos y tecnológicos abren un futuro insospechado. Las alteraciones ecológicas comprometen la vida de las próximas generaciones. Las sociedades humanas se estructuran a través de los más variados subsistemas y con una autonomía que hace prácticamente imposible pretender regularlas “desde arriba”. Las grandes corporaciones y empresas internacionales, S.A. gigantes nos engañan: nos hacen comprar cualquier cosa. Nos han hecho creer que el mundo será mejor mientras haya menos política; mientras tanto regulan a su antojo las fronteras a los productos y a las personas; mientras tanto destruyen y reconstruyen países.

No hay que engañarse. La apuesta del Papa es teológica. Benedicto llama a un progreso que es y que no es de este mundo. El quiere un progreso integral: de todos los hombres y de todo el hombre; progreso que solo puede ser tarea humana en tanto se considere un don de Dios que, en todo caso, solo se alcanzará en la eternidad. Al Papa no lo mueve el optimismo, sino la esperanza. Caritas in veritate rechaza el fatalismo. Apuesta a que lo humanamente imposible es humanamente posible para Dios.

¿Podrá una democracia cosmopolita frenar al caballo loco del capitalismo? ¿Acaso puede la lógica de la economía ser incardinada en la lógica de la gratuidad y de la búsqueda de un bien común internacional? Esta tesis –para muchos ilusa- representa el núcleo de la antropología teológica de Caritas in veritate.

El libro cuya publicación celebramos hoy nos habla de lo mismo. Talvez haya una pequeña diferencia. Hubo un momento en la historia del país -podríamos ubicarlo entre Hurtado y los años setenta- en que estaba en el ambiente que las estructuras económicas podían ser cambiadas a voluntad. ¿No fue esta creencia en parte responsable de la crisis política del ’73? Ya entrando en el siglo XXI no pensamos que sea tan fácil enrumbar la historia. Este libro ofrece un panorama de esta historia, una historia preñada de ilusión y de esperanza, de luchas, de logros y de fracasos. Nuestra historia, la que hacemos y padecemos el 2009, nos parece mucho más impredecible. Y, por lo mismo, mucho más audaz el llamado de Benedicto XVI.

Origen del libro

Este libro se originó en las discusiones de uno de los grupos del CTML. Las conversaciones de historiadores y teólogos quedaron registradas en actas. Las actas dieron lugar a artículos. Se organizó un coloquio sobre el tema del Catolicismo social chileno. Y de este se obtuvieron la mayoría de los materiales del libro. El grupo del CTML se llama Memoria de la inculturación del Evangelio. Habíamos indagado en qué momentos de la historia de Chile el Espíritu Santo había soplado con fuerza. El catolicismo social emergió como un fenómeno indiscutible de la acción de Dios en nuestro país.

Pues bien, el libro da cuenta de la empresa más formidable de la inculturación del Evangelio en Chile durante el siglo XX.

Muy al comienzo de las discusiones del grupo se planteó un asunto difícil de esclarecer: ¿el catolicismo social era una reacción en contra del marxismo que quitaba a la Iglesia la clase obrera o constituía una respuesta evangelizadora ante el drama de la pobreza provocada por la injusticia social? La respuesta que se dio a este interrogante tiene de lo uno y de lo otro.

Pero, miradas las cosas a la distancia, cuando ya el marxismo ha desaparecido como alternativa real de organización de nuestras sociedades del siglo XXI, descubrimos que siempre estuvo presente, como el impulso más genuino, el deseo evangélico de una “opción preferencial por los pobres” que reclamaba una articulación social y política. Solo a partir de Puebla la Iglesia latinoamericana ha llamado “opción por los pobres” al compromiso más notable de los católicos sociales del siglo pasado. Fue el Evangelio, la necesidad de convertir la sociedad al Evangelio y no la mera disputa de la clase obrera al marxismo, lo que cuajó en Hurtado, el “místico social”, llevándole a reclamar justicia y a respaldar el movimiento sindical chileno. Hurtado, Manuel Larraín y muchos otros hicieron suya una “opción de Dios por los pobres” que iba más allá de la caridad, que exigía una conversión personal que implicaba tomas de posturas sociales y políticas conflictivas, una “caridad de verdad”, que se extendiera a cambiar las estructuras sociales.

La Caritas in veritate chilena produjo un santo de talla mayor. No se puede separar en Hurtado la Doctrina Social de la Iglesia y su santidad. Esta santidad tiene que ver derechamente con el empeño de la Iglesia Católica por una sociedad más justa, la misma Iglesia que en América Latina recibió el Concilio Vaticano II en clave social; la misma que dio origen a la Teología de la liberación que, no obstante su ruptura con la DSI, compartió su mismo talante evangélico.

El libro señala en muchas direcciones. Da cuenta de distintos ensayos distintos, teóricos y prácticos, por sacar las consecuencias sociales del Evangelio. El concepto mismo de Catolicismo social queda entregado a la discusión. En el libro damos ejemplos de caridad notables, de luchas sociales y de confrontaciones políticas. Especial importancia tiene la trayectoria política del influyo de los documentos papales. Se da cuenta de un momento de crisis. La DSI, por los años sesenta, sufre el fuego cruzado del lado de las ciencias sociales, del de la Teología de la liberación y del de la realidad social y política misma.

De la recuperación de la DSI podemos hablar hoy con pertinencia. ¿Es posible hablar hoy de “católicos sociales”? ¿Sirve este título para distinguir? ¿Cualquier católico lo es por definición? ¿Se puede ser católico sin ser “social”?

El libro no ofrece conclusiones. Ofrece elementos para llegar a conclusiones. Y, sobre todo, despeja el camino para ir haciéndose las preguntas que el amor a los pobres y la lucha por la justicia plantean hoy y mañana.

Por qué esta convocatoria

Hemos invitado a dos políticos cristianos a hacerse cargo de la recepción de Caritas in veritate. ¿Podrán ellos llevar a nuestro país a una “caridad de verdad”?

Hemos querido invitarlos a ellos porque pensamos que, siendo jóvenes, tienen futuro político y porque, además, representan la posibilidad de una nueva generación de cristianos comprometidos con su país.

A este debate hemos invitado a muchos jóvenes. Queremos que también ellos se hagan cargo de la encíclica.

La Iglesia no tiene un partido político que aplique su enseñanza. Estamos lejos del Partido Conservador del que, sin embargo, se desmembraron sucesivamente partidos políticos con una honda inquietud social. La Iglesia respalda a todos los partidos que realmente opten por los pobres. A la Iglesia Católica no la mueve una ideología, sino el Evangelio.  “El pobre es Cristo”. Nuestra democracia será imbatible cuando está convicción entre en el alma de Chile y transforme hondamente nuestra cultura.

Agradecimiento

Agradezco la colaboración de los autores a esta publicación:
Fernando Berríos, Susana Monreal, Ana María Stuven, Daniel Palma, Alexandrine de la Taille, Macarena Ponce de León, Samuel Fernández, Fernando Montes, Andrea Botto, Sofía Correa, María Antonieta Huerta, Luis Pacheco, Pablo Toro, Patricio Miranda, Pedro Morandé, Eduardo Silva, Arturo Gaete y Pierre de Charentanay.

Agradezco a las personas que han sacado el libro: Al batallón de correctores y editores: a los que me acompañan en la autoría de la compilación: Fernando Berríos y Diego García; a Mario Inzulza, a Angela Pérez y a Román Guridi; a Alejandra Zabaleta, Claudia Espinoza y Andrea Botto. A las Ediciones de la Universidad Alberto Hurtado: la Beatriz García-Huidobro, a Alejandra Norambuena y a Alejandra Stenvenson.